P Doña Pilar ¿Ha pasado usted por situaciones similares a esta?
R: Con el tiempo suceden muchas cosas. Vi a mi padre, Peña Batlle, batallar para no inclinar la frente ante la tiranía de Trujillo; muy a su pesar tuvo que transigir para preservar a su familia. Fue muy duro, y le afectó en su autoestima, aunque lo superó dedicándose a trabajar en cuerpo y alma por su país, por ejemplo en el tratado fronterizo. Aunque encogió su alma, agigantó su espíritu, al ponerlo al servicio total de la nación. Ese fue su castigo, pero al mismo tiempo su oportunidad de redención.
P ¿Cómo se siente con esta condena a su hijo?
R. Como toda madre, deshecha, destrozada, ya no me quedan lágrimas para restregar estos ojos. Como me ves, invocando al señor para que no permita tanta injusticia, desconsideración, y odio. El dolor que siento en mi pecho es muy grande, tanto que casi me alegraría de que mi corazón no pudiera resistirlo; sin embargo, me resignaría si hubiera causas justificadas, pero en este caso no; jamás me resignaré. Ya mi esposo Máximo dejó este mundo. Y sé, que de alguna manera, en sus últimos días se sintió asqueado por las intrigas propias de los humanos ¡Qué pena! Máximo hizo mucho bien, ayudó a tanta gente, fue un hombre decente en alto grado y, al final, lo maltrataron con este caso.
P. ¿Cree que su hijo es inocente?
R. Sé, y los jueces de alma limpia también lo saben, que mi hijo es inocente; pudo cometer errores y es de humanos que así sea, pero no hizo nada que lo hiciera acreedor de esta condena. Fueron las circunstancias del momento las que afectaron la liquidez del banco, pero eso no es pecado ni fraude; muchos otros se vieron en situación parecida y sobrevivieron sólo por fortuna o porque tuvieron una mano amiga extendida. Nosotros pudimos vender el banco, o sea, el banco no quebró, y pusimos todos nuestros bienes en garantía para respaldar la asistencia financiera que prestó el Banco Central, como nunca antes se había hecho.
P: ¿Cuál es la razón de esta condena?
R. Esa es la pregunta del año. No lo sabemos. Este caso se inicia con una querella de tenedores de certificados reclamando que no se le había podido devolver su dinero. Era y es un caso civil, no penal. Luego pudimos pagarles y retiraron la querella. Es decir, no hay acusadores. Al final, el ministerio público, que había sido movido por el Banco Central, se dio cuenta de la sin razón y expresó desinterés en el caso. De manera que no hay acusación ni privada ni pública. Por tanto, a mi hijo se le ha condenado sin acusadores y sin pruebas válidas. Esta condena es una monstruosidad jurídica, nunca antes vista, ni siquiera en la época de la dictadura. Oigo decir, y lo creo, que esto es puro populismo judicial; es decir, producto de la acción del Banco Central y de la vocinglería estéril e insana de sectores minúsculos de la sociedad civil sedientos de poder y reconocimiento social, pero sobrados de resentimientos.
P: ¿Usted cree que la justicia dominicana se ha ensañado contra su hijo?
R. No; todavía no lo creo, pero es evidente que algunos de los jueces se han dejado impresionar. En el fondo de mi alma de madre atribulada, recuerdo a Arturo como cuándo lo mecíamos en la cuna. Ahora que lo vi entre aquellas paredes, moralmente destruido, grité al Señor que por qué permitía esta deshonra. Luego pensé que el mismo Jesús fue sometido al escarnio público y nos enseñó a ser humildes. Tengo confianza en que los jueces de la Cámara Penal, que también tienen familia, cuando conozcan la solicitud de revisión del caso, lo hagan objetivamente. No les pido favores; sólo que dejen que sus consciencias los guíen y se eleven sobre tanta mezquindad. Y que dicten sentencia en función de las pruebas y alegaciones presentadas, no en base al rumor pagado de una claque propia de la época del circo romano.
P: ¿Doña Pilar, y de dónde proviene esta persecución tan perseverante e intensa?
R. Por lo que he visto, todo parece indicar que esto proviene de algunos sectores que pretenden manipular a la sociedad civil y se han empeñado en hacernos daño. Han retorcido el caso. Manejaron hasta hace poco al ministerio público a través de sus abogados y de personal del Banco Central y lo han hecho todo con una maestría digna de admiración, tirando la piedra y escondiendo la mano.
P: ¿Pero, es este el caso judicial del Banco Central?
R: Fíjate que no; éste no es su caso; en eso consiste su maestría: aparentar que no es un juicio distinto. Ellos tienen otra acusación contra mi hijo, pendiente de conocerse en los tribunales. Presionaron a los jueces y les hicieron creer que éste era el caso del Banco Central, haciendo provecho de que se introdujo indebidamente una supuesta y anómala auditoría forense que tiene que ver con el otro caso, no con éste. Así tenían dos oportunidades para que condenaran a mi hijo; es decir, dos procesos sobre el mismo caso, que está prohibido por la Constitución. Ahora están en una trampa, pues ¿Cómo van a poder justificar otro proceso contra mi hijo sobre lo mismo, después de esta condena? Pero, ya aquí puede pasar cualquier cosa.
Esta condena es una monstruosidad jurídica, nunca antes vista, ni siquiera en la época de la dictadura. Oigo decir, y lo creo, que esto es puro populismo judicial; es decir, producto de la acción del Banco Central y de la vocinglería estéril e insana de sectores minúsculos de la sociedad civil sedientos de poder y reconocimiento social, pero sobrados de resentimientos."
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